ÁREA 04

LA MODA

ROMÁNTICA

1824 –1874

 

Superada la “Década Ominosa” bajo el reinado de Fernando VII, la subida al trono de Isabel II desplaza la tensión política hacia el conflicto de sucesión, que deriva en las guerras carlistas. Otros pronunciamientos son violentamente sofocados, mientras se suceden los intentos por modernizar la organización del Estado.

La Corona se muestra a favor de consolidar el modelo liberal, ya implantado en otros países europeos, pero la mala gestión financiera y el lento desarrollo industrial, obstaculizados por el caciquismo, mantienen al país en condiciones precarias. Gran parte de la población sigue expuesta a hambrunas y epidemias. Con todo, los espacios urbanos se adaptan al progreso técnico y acogen las nuevas costumbres de la burguesía, que se erige en reguladora del gusto y el decoro. La separación de los ámbitos femenino y masculino se agudiza, y el concepto de moda se identifica con las novedades que llegan de París para el mercado femenino. La ciencia y la técnica desplazan la preocupación por la estética que caracterizaba a las clases aristocráticas, y los gustos masculinos se decantan hacia la funcionalidad. Entre tanto, el Romanticismo, primer movimiento artístico que se extiende de manera uniforme por toda Europa y símbolo de las revoluciones burguesas o liberales, tiene escasa incidencia en España.

AREA 04

LA MODA

ROMÁNTICA

1824-1874

Superada la “Década Ominosa” bajo el reinado de Fernando VII, la subida al trono de Isabel II desplaza la tensión política hacia el conflicto de sucesión, que deriva en las guerras carlistas. Otros pronunciamientos son violentamente sofocados, mientras se suceden los intentos por modernizar la organización del Estado.

La Corona se muestra a favor de consolidar el modelo liberal, ya implantado en otros países europeos, pero la mala gestión financiera y el lento desarrollo industrial, obstaculizados por el caciquismo, mantienen al país en condiciones precarias. Gran parte de la población sigue expuesta a hambrunas y epidemias. Con todo, los espacios urbanos se adaptan al progreso técnico y acogen las nuevas costumbres de la burguesía, que se erige en reguladora del gusto y el decoro. La separación de los ámbitos femenino y masculino se agudiza, y el concepto de moda se identifica con las novedades que llegan de París para el mercado femenino. La ciencia y la técnica desplazan la preocupación por la estética que caracterizaba a las clases aristocráticas, y los gustos masculinos se decantan hacia la funcionalidad. Entre tanto, el Romanticismo, primer movimiento artístico que se extiende de manera uniforme por toda Europa y símbolo de las revoluciones burguesas o liberales, tiene escasa incidencia en España.

UNA SILUETA
EN CONSTRUCCIÓN

La silueta femenina se conforma durante el primer romanticismo con enaguas de volumen creciente, cuya rigidez se aumentaba usando tejidos de crin de caballo. En la década de 1850 se difunde una estructura ligera y flexible ‒aros metálicos con cintas‒, que en España recibe el nombre de miriñaque.  Hacia 1870 surge el polisón, que concentra ya todo el volumen en la parte trasera de la falda. El corsé, utilizado durante todo el siglo, constriñe el busto, por lo que llega a ser muy cuestionado por las corrientes higienistas, que alertan de su peligro para la salud.

CRINOLINA

1860 – 1868

Inventario — CE020783

Integrada por cinco aros metálicos unidos entre sí con cintas de algodóní. El aro inferior, de mayor diámetro, tiende a desplazarse hacia la parte posterior. Del aro superior parten unas cintas de algodón que se unen a una ancha cinturilla con dobladillo pespunteado a máquina que se cierra con un corchete.  Armazón interior de ballenas metálicas empleado durante el Romanticismo con la finalidad de ahuecar y dar volumen a la falda.

ENAGUA

1860 –1880
Inventario – CE021699

Enagua en  tafetán de algodón color crudo, labrado a rayas. Tiene cintura ancha y recta con delantero en pico. Remata en ancho dobladillo vuelto hacia el derecho recortado a ondas trilobuladas. Guarnecida con cintas ataderas en tafetán de color crudo y bordado en hilo.

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Enagua o falda interior que vestían las mujeres de la cintura a los piés bajo la falda exterior. El término enagua proviene de una voz caribeña «maguas» que designaba, en la Edad Moderna, a las faldas de algodón que llevaban las indias americanas. Persistieron, con diferentes denominaciones, en la indumentaria femenina hasta el siglo XIX. Muchas de ellas presentan bordadas las iniciales de su propietaria, como en esta ocasión: «MC».

PEINADOR

1876 – 1900
Inventario – CE089999

Prenda de color blanco. Se abrocha con cinco botones de nácar con sus correspondientes cinco presillas. Presenta en todo el perímetro inferior, siguiendo por el delantero con la chorrera, excepto en la abotonadura, un volante de puntilla fruncido con motivo vegetal y enmarcado por arriba con vainica. Y bordeando, también todo el perímetro, una orla de entredós de tira de encaje con motivos geométricos. En el interior está deshilado en franjas en sentido diagonal a un lado y a otro del eje central formado por vainica. El cuello presenta la misma decoración que el resto.

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El peinador o bata doméstica fue muy común en los guardarropas íntimos femeninos y su elaborada hechura la sitúa cronológicamente a finales del siglo XIX coincidiendo en forma con algunas prendas exteriores.

CORSÉ

1900 – 1903
Inventario – CE091731

Corsé de lujo, recto y corto, que aplana el vientre y sujeta las caderas, y que comienza a estar presente a partir de 1900. De raso de seda azul verdoso con forro en tafetán de seda cruda, está formada por dos piezas unidas en la parte delantera por medio de cierres de metal y, en la posterior, por dieciocho ojetes metálicos. Se ajusta con setenta y dos ballenas. La parte inferior presenta una banda de terciopelo piloso y la superior una puntilla bordada y un lazo de cinta de moaré.

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También presenta corchete de gran tamaño en la línea de la cintura para fijar la enagua y el vestido. Conserva sello estampado que informa del nombre donde se realizó y comercializó la prenda: “Fábrica de Corsés de Lujo/La Hurí/ Casa especial en medida/Madrid”.

CUBRECORSÉ

1876 – 1900
Inventario – CE093346

Cubrecorsé en  tafetán de algodón blanco, con jaretitas y puntilla de encaje mecánico que alterna con pasacintas de raso de seda color beige. Se cierra con cinco botones de nácar.

Como su propio nombre indica, esta prenda se llevaba sobre el corsé. A veces, puede ser confundida con una camisa interior femenina, denominada “camisa de día”, que cumplía otra función, al ser colocada sobre el cuerpo y sobre ésta el corsé.

ENAGUA

1850 – 1875
Inventario – CE103068

Enagua ancha de algodón crudo con cintas ataderas para fruncir todo el contorno y abertura. Tiene dos jaretas anchas y dos volantes anchos muy fruncidos en el bajo. Además tiene apresto, sobre todo en las jaretas y en la parte inferior.

Enagua o falda interior que vestían las mujeres de la cintura a los piés bajo la falda exterior. El término enagua proviene de una voz caribeña «maguas» que designaba, en la Edad Moderna, a las faldas de algodón que llevaban las indias americanas. Persistieron, con diferentes denominaciones, en la indumentaria femenina hasta el siglo XIX. Muchas de ellas presentan bordadas las iniciales de su propietaria, como en esta ocasión: «PR».

ENAGUA

1860 – 1880
Inventario – CE103107

Enagua de luto de cintura de tafetán de lino crudo con cintas ataderas en centro del delantero, para ceñirse con vuelo en todo el contorno. Tiene cola en la parte posterior. Lorza ancha (de adaptación) en centro. El el bajo tres lorzas pespunteadas y dos volantes al aire con aplicación de cordoncillo de algodón negro, dos en el borde inferior y uno en el superior.

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Enagua o falda interior que vestían las mujeres de la cintura a los piés bajo la falda exterior. El término enagua proviene de una voz caribeña «maguas» que designaba, en la Edad Moderna, a las faldas de algodón que llevaban las indias americanas. Persistieron, con diferentes denominaciones, en la indumentaria femenina hasta el siglo XIX. Muchas de ellas presentan bordadas las iniciales de su propietaria, como en esta ocasión: «MT».

CORSÉ

1825 – 1830
Inventario – CE097700

Corsé en sarga de seda, con escote cuadrado en el delantero y dos tirantes más estrechos por delante. Con dos pinzas de entalle y tres calles de pespunteados en el centro de la parte frontal. La parte inferior remata en forma redondeada. Se cierra en la espalda con nueve pares de ojetes.

Pieza interior, particularmente liviana, que nos remite al final de una época sorprendentemente cómoda para la mujer, que duró un breve espacio de tiempo situado entre el uso de la cotilla y el del corsé, y que se caracteriza por el llamado “estilo imperio” y el “vestido camisa” en el exterior.

PEINADOR

1876 – 1900
Inventario – CE100812

Peinador en cambray de color blanco. Con cuatro paños rectangulares unidos dos a dos en dos capas superpuestas. Todos los paños van decorados jaretas y tira de tejido del mismo material de perfil lobulado rematado con pequeñas flores y perfiles festoneados. El cuello de tirilla va guarnecido con un doble volante en tul bordado. Una pieza rectangular suelta parte del cuello en el centro de la espalda.

Esta prenda fue muy común en los guardarropas íntimos femeninos y su elaborada hechura la sitúa cronológicamente a finales del siglo XIX coincidiendo en forma con algunas prendas de exterior.

POLISÓN

1870 – 1880

Inventario – CE020784

Polisón que se coloca atado a la cintura y otras cintas inferiores se atan para crear un espacio oval que arma interiormente la parte posterior de la falda.

A partir de 1869 y a medida de que el vuelo de las faldas se recoge en la parte posterior es indispensable una estructura interior. Se impone una nueva silueta a partir de estos momentos que estará vigente hasta 1889, siendo el polisón la pieza más característica de este periodo, cuyo volumen fue variando a los largo de los veinte años de existencia.

ENAGUA

1840 – 1870
Inventario – CE103108

Enagua de luto de cintura de tafetán de lino crudo con cintas ataderas en centro del delantero, para ceñirse con vuelo en todo el contorno. Tiene cola en la parte posterior. Lorza ancha (de adaptación) en centro. El el bajo tres lorzas pespunteadas y dos volantes al aire con aplicación de cordoncillo de algodón negro, dos en el borde inferior y uno en el superior. Enagua o falda interior que vestían las mujeres de la cintura a los piés bajo la falda exterior. El término enagua proviene de una voz caribeña «maguas» que designaba, en la Edad Moderna, a las faldas de algodón que llevaban las indias americanas. Persistieron, con diferentes denominaciones, en la indumentaria femenina hasta el siglo XIX. Muchas de ellas presentan bordadas las iniciales de su propietaria, como en esta ocasión: «MT».

CRINOLINA

1850 – 1860
Inventario – CE105777

Crinolina o armazón interior formado por treinta y un aros metálicos forrados de tafetán de algodón. De ellos, los 11 superiores  recorren sólo la espalda de la pieza dejando una abertura en la parte delantera mientras que el resto forman una circunferencia completa. Tiene la cinturilla en tafetán de lino color crudo donde abrocha con botón. De ella parten 7 cintas de algodón de color rojo que, dispuestas en vertical, sujetan cada uno de los aros. Las 4 cintas delanteras están reforzadas con otra en tafetán de algodón de trama roja y urdimbre amarilla. Dos de ellas, las que coinciden con las caderas, tienen ojetes de metal a lo largo de su recorrido. El cierre de los aros, de metal dorado, se aprecia en el frontal de la crinolina.

Empleado durante el Romanticismo con la finalidad de ahuecar y dar volumen a la falda y precede al polisón.

ESPEJO

Hacia – 1840

Museo Nacional de Artes Decorativas, Madrid
Inventario – MNAD CE04715

Gran espejo de vestir, realizado en madera de caoba, con incrustaciones de madera de limoncillo de ceilán. Está compuesto como el guardapolvos de una ventana, en el que las columnas laterales sirven para que el espejo propiamente dicho pueda girar ligeramente hacia los laterales, para facilitar la contemplación. En el copete, a modo de frontón, encontramos un parasol chinesco, entre tallas vegetales doradas y carnosas, con un estilo aparecido en la Francia de Napoleón. Se enmarca, por lo tanto dentro del estilo imperio español.

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Este tipo de espejo tuvo una enorme difusión en el siglo XIX y se le llamó psyché. En España se difundió en la época isabelina, especialmente en la zona catalana, constituyendo un elemento indispensable en la vivienda acomodada. Al tratarse de un espejo de cuerpo entero permitía una visión global de la propia imagen.  En muchas ocasiones este mueble hacía juego con otros muebles de dormitorio como la cama o la cómoda, y en ocasiones incluía pequeños veladores donde poner luces o soportes para floreros.

EL GABINETE
FOTOGRÁFICO

1839 – 1900

En 1839 se toman las primeras fotografías en España. Fotógrafos itinerantes y estudios fijos se adaptan al gusto de la burguesía, que colecciona retratos, vistas, “monumentos” y escenas costumbristas.

Avances técnicos, del daguerrotipo hasta la cámara Kodak, facilitan la tarea del fotógrafo, del profesional al amateur. Las estereoscópicas pueden verse en tres dimensiones.

A final de siglo, la consolidación de la prensa gráfica y la tarjeta postal suponen la expansión definitiva de la cultura fotográfica.

EL PASAJE
COMERCIAL

El desarrollo de la industria textil propicia la multiplicación de la oferta de artículos indumentarios y, aunque el sastre o la modista siguen siendo imprescindibles en la confección del traje por encargo, surge un nuevo espacio de dinamización comercial y de consumo, las galerías o los pasajes comerciales cubiertos. En los establecimientos que acogen es posible adquirir todo tipo de complementos y accesorios, así como elegir, cada temporada, las denominadas “tejidos novedad” y encargar su confección siguiendo las tendencias que las revistas de moda difunden.

SOMBRILLA

1850
Inventario – CE000809

Sombrilla con cubierta formada por ocho paños de seda decorada con una guirnalda ancha con flores y hojas bordadas, rematada con galón y fleco que también adorna la contera. El interior forrado de seda cruda lisa cosido a mano a la cubierta. La varillas terminan en una punta decorativa. Mango torneado, tallado en espiral terminado en forma de cayado.

Las sombrillas marquesa se generalizaron entre 1840 y 1870, aunque en este caso la forma del mango nos sitúa alrededor de 1850.

SOMBRILLA

1840 – 1860

Inventario – CE009182

Cubierta formada por ocho paños rematada con un galón calado y flecos. Debajo de la contera un trozo cosido de la misma tela bordada que sirve de remate. Forro de seda roja cosido al borde de la tela y bordado con flores. Las varillas rematan en puntas de nácar. Vástago y mango tallado con motivos vegetales y pajarillos.

Sombrilla marquesa de moda desde 1840 hasta 1870. Concretamente las de seda bordada se pusieron de moda hacia 1850. La técnica del bordado es como la de los mantones de Manila.

CAPOTA

1840 – 1845

Inventario – CE095512

En tafetán de seda en color marfil, presenta una estructura de entretela y alambres muy finos forrados. Con ala muy prolongada y recta que remata en la parte inferior con faldón a modo de volante fruncido. Ha perdido las cintas para atarse.

La capota es un tipo de tocado femenino sujeto con cintas por debajo de la barbilla que envuelve totalmente la cabeza a modo de tulpa y que se ubica detrás del cogote y no sobre él. Proviene del estilo directorio y domina a lo largo del período romántico, erigiéndose en símbolo de la nueva indumentaria burguesa del siglo XIX. Como complemento indispensable del atuendo femenino fue empleado con profusión para salir a la calle durante el día. Según la etiqueta y el decoro de la época había que ir con la cabeza cubierta.

TOCADO

1830
Inventario – CE097672

Red de pelo humano en color negro con forma para encajar en la cabeza.  El tocado va decorado con una cinta en tafetán de seda en color negro y dos pares de tirabuzones realizados, también con pelo humano.

Tocado que sigue, a modo de postizo, la moda en los peinados femeninos de los años treinta y cuarenta del siglo XIX. En consonancia con la moda romántica imperante en esta época, el cabello/tocado se caracteriza por una mayor discreción y contención, predominando el peinado con raya al medio y con leves guedejas o tirabuzones a los lados, llamadas «orejas de perro», que resaltan el óvalo del rostro.

CAPOTA

1860
Inventario – CE097706

En paja trenzada en color marrón. Con copa hemiesférica  que encaja en la cabeza y ala que enmarca el rostro y decorada en su borde con un encaje de bolillos. Va decorada con una cinta de seda labrada que se prolonga en cintas ataderas. Lleva aplicada lazadas de seda y plumas de marabú.

VESTIDO

1849 – 1850

Inventario – CE097696

Vestido en tafetán de seda beige y azul con cuerpo montado sobre la falda, entallado y armado con ballenas, con escote redondo y cintura de corte que remata en el borde inferior, con pronunciada punta. Manga larga, estrecha y con corte sesgado que remata en el borde con un doble bies aplicado con nervio y galón de pasamanería. Manguilla de encaje con doble volante en la bocamanga. Cierra en la espalda con catorce corchetes y un cordoncillo para ajustar el escote. Falda con vuelo, presenta dos anchos volantes al bies, oculto el inicio con un estrecho galón de pasamanería.

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Coincide, por la hechura, con los vestidos de época romántica de los años cuarenta del siglo XIX. Los hombros caídos, el remate del borde inferior del cuerpo en un pronunciado pico delantero y, también, el amplio volumen de la falda que requiere del empleo de la crinolina (un armazón moldurado interior encargado de ahuecar las faldas), y que confiere una silueta acampanada o cupular a la mujer.

SOMBRERO TIPO «UGLY»

Sombrero en tafetán de seda de color verde en forma de pala articulada, armada con seis tiras de alambre forradas y fruncidas. Lleva unas tiras para atarlo.

Se trata, más que de un sombrero propiamente dicho, de una «visera» que se disponía sobre los bonetes o sombreros «spoon», de ala más corta,  para garantizar la protección del rostro. Los historiadores ingleses denominan esta tipología «ugly» (feo) que proviene de un comentario hecho en la revista satírica «Punch» en 1848, que es cuando aparece esta tipología. Su declinar coincide con la incorporación a la moda de los sombreros de ala profunda. Es destacable el efecto funcional de esta pieza al ser articulada.

TRAJE

1864 – 1867
Inventario – CE097709-CE097710

Traje en tafetán de sarga batavia de seda en color verde, con bastas suplementarias por urdimbre formando cuadros. El cuerpo, armado con ballenas, lleva manga larga con hombrera sobrepuesta decorada con aplicación de galón y mostacillas colgantes. La falda, larga y con vuelo, tableada en el delantero y la espalda.

La decoración con motivos geométricos conseguidos por la alternancia en el color de los hilos caracteriza los tejidos de este período.

BOLSO

1834 – 1866

Inventario – CE112819

Bolso-reloj, que consta de dos bolsos unidos y suspendidos por un asa a manera de alforjas, está realizado en tejido acanalado con motivos decorativos de salpicado floral en colores rosas, verdes y blancos. Cada bolso tiene boca semicircular y rígida con cierre a presión. En uno de los bolsos presenta en su frente instalado un pequeño relojito de esfera circular incrustado sobre el tejido, y en su interior dos bolsillos en ambos laterales. El otro bolso,  presenta una aplicación de pasamanería de motivo fitomorfo y cinco hilos de enfilado de cuentas realizado con lentejuelas y canutillos -que cubren un desgarro-, y en su interior un monederito con cierre metálico en el centro.

Representa un original modelo que se inspira en el uso de las alforjas en el medio rural y campesino. Aunque por su forma de bolso responde a modelos anteriores, el tipo de cierre de clip  hace pensar en momentos posteriores del siglo XIX cuando en lo que se vuelven a poner de moda formas anteriores de bolso.

JEAN LAURENT MINIER

Esta vitrina está dedicada a Jean Laurent y Minier (1816 – 1886), uno de los fotógrafos pioneros en España que trajo al país las más novedosas técnicas fotográficas que fueron sucediéndose en el siglo XIX. Con estudio en Madrid desde 1856, estructura sus imágenes en catálogos temáticos de retratos, obras de arte, estereoscópicas o escenas y tipos pintorescos.

Laurent, llegó por primera vez a Madrid en 1844 atraído por el negocio de los papeles jaspeados y años después, en 1856 abrió un estudio fotográfico en el número 39 de la Carrera de San Jerónimo, donde antes estuvo instalado el fotógrafo inglés Charles Clifford. Aunque comenzara con retratos, muy pronto amplió su repertorio fotográfico y dirigió su objetivo a monumentos, espectáculos, corridas de toros o vistas de ciudades. En 1860 obtuvo el puesto de fotógrafo de cámara de la reina Isabel II y en 1861 publicó su primer catálogo con retratos de personajes notorios de la época, siendo muy consciente de la necesidad de recopilar un archivo con todo el trabajo que iba realizando.

En 1878 con motivo del enlace del rey Alfonso XII con María de las Mercedes de Orleans, las Diputaciones Provinciales enviaron a Madrid grupos de paisanos que, ataviados con los trajes característicos de cada lugar, cantaban y bailaba en las calles y ante los reyes. Aprovechando la ocasión, la Sociedad Antropológica Española encargó a Jean Laurent la realización de una serie de fotografías de los grupos y de las parejas con el fin de mostrar su indumentaria y que presentarían en la Exposición Universal de París de ese mismo año.

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Antes de 1878, Jean Laurent ya había dedicado una mirada a la temática de los tipos populares en su estudio fotográfico. En un contexto romántico  de visión estereotipada costumbrista que habían transmitido muchos viajeros al visitar nuestro país, la mirada hacia estos tipos populares responde a los gustos de una clientela internacional y también española, ya que se puso de moda coleccionar estampas de esta temática.

En el catálogo comercial de Laurent de 1872 se incluyeron ya 121 imágenes tomadas del natural (d´apres nature), de las cuales el Museo del Traje conserva algunos positivos. Estas fotografías mostraban escenas preparadas de diferentes gentes posando en lugares que incluso a veces se retocaban.

Con el tiempo su negocio se enfocaría más hacia la venta de fotografías de vistas y reproducciones de obras de arte, tanto de obras pictóricas como de monumentos. Llegará a tener los derechos de reproducción de los cuadros del Museo del Prado.

En este contexto, la fotografía de J. Laurent supone un verdadero retrato de un país con su cultura, costumbres, paisajes y monumentos. Haciendo a su vez una gran labor de difusión del mismo.

Aunque murió en 1886, la casa J. Laurent y CIA continuó. Su hijastra, Catalina Melina Dosch y su yerno, Alfonso Roswag. El archivo fotográfico creció hasta 1915 con Joseph Jean Lacoste y Juana Roig Villalonga y, desde 1930 con Joaquín Ruiz Vernacci, quien fue su último propietario hasta su fallecimiento en 1975, año en el que fue adquirido por el Estado.

En la vitrina podemos ver algunas fotografías con positivados originales del propio Laurent. Son las de mayor tamaño, de 27×36 aproximadamente, formato empleado habitualmente en la época del colodión húmedo ya que correspondía con los negativos de vidrio al colodión del estudio del fotógrafo. Este formato se reduce a formatos de 13×18 cm o 10×15 cm con los negativos y papeles de positivado de gelatino-bromuro que utilizarán Juana Roig Villalonga o Joaquín Ruiz Vernacci.

SÉGOVIE

Groupe de paysans de la province, Jean Laurent – 1878

Inventario – MTFD000599A

Fotografía en blanco y negro de formato vertical, con marco blanco e inscripción en el borde inferior. Está pegada a un cartón de mayor tamaño. Representa a una pareja ataviada con el traje popular de la zona de Segovia posando de pie sobre un suelo alfombrado. La mujer lleva mantilla blanca de encaje y montera segoviana en forma de mitra de paño, adornada con bordados, pedrería y un pompón de lana, rematada en los laterales por doce dedales, seis a cada lado, llamados «apóstoles». Un jubón negro con bordados de motivos florales, saya de paño y delantal. Luce además abundantes joyas con varios collares de los que cuelgan relicarios, patenas, medallas, cruces, corales y vidrios de colores.

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El hombre viste sombrero de terciopelo negro adornado con una borla, denominado calañés. Camisa blanca, chaleco de terciopelo con motivos florales bordados y chaquetilla de paño con adornos de terciopelo y pasamanería. Lleva una faja y un esquero con un lema bordado. Calzón de paño con borlas y polainas de cuero trabajadas con dibujos.

ZAMORA

Groupe de paysans du village de Bermigo de Savago, Jean Laurent – 1878

Inventario – MTFDFD000533C

Fotografía en blanco y negro de formato vertical, con marco blanco e inscripción en el borde inferior. Está pegada a un cartón de mayor tamaño. Representa a un grupo de personas de Bermillo de Sayago, Zamora, que posan en dos filas ataviados con el traje popular de su localidad, a excepción de tres hombres en la segunda fila que visten traje negro y sombrero, probablemente son autoridades locales o provinciales. Uno de ellos sujeta una bandera. Los trajes de mujeres consisten en vestidos con adornos de terciopelo, mandiles bordados y mantón a los hombros, jubón de codín bordado, zapatos bajos con hebilla y ricos collares de oro. Los hombres llevan sombrero redondo ancho, chaqueta de palo, camisa bordada con botón pequeño de oro y un chaleco encarnado con botones cuadrados de plata; además de calzón corto bajo y polaina.

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La imagen pertenece al conjunto que se realizó con motivo de la boda real de Alfonso XII con su prima Mª de las Mercedes de Orleáns celebrada en enero de 1878.

En 1927 Joaquín Ruiz Vernacci (Madrid, 1892-1975) adquirió los fondos del Archivo Laurent y lo amplió de 20.000 negativos de cristal en diversos formatos a 60.000. Estas imágenes unidas a sus propias fotografías van a formar el Archivo Ruiz Vernacci, uno de los fondos fotográficos más importantes de la España de finales del siglo XIX  y principios del XX. En 1976 este archivo fue adquirido por el Estado español, y en la actualidad se conserva en el Instituto del Patrimonio Cultural de España (IPCE) del Ministerio de Cultura.

La fotografía de tipos populares fue bastante popular durante la segunda mitad del siglo XIX, pero en España J. Laurent fue el fotógrafo que realizó las series más completas sobre tipos y trajes, las primeras hacia 1861-1863, y el segundo grupo en 1878 con el encargo documental sobre las comisiones provinciales que acudieron a Madrid con motivo del enlace real.

CÁCERES

Groupe de paysans du village de Montehermoso – 1878

Inventario – MTFD000719

Fotografía en blanco y negro de formato horizontal, con marco blanco e inscripción en el borde inferior que representa a un grupo de seis parejas, ataviados con el traje popular de Montehermoso, Cáceres, y un hombre que toca la dulzaina y el tambor.

Las mujeres llevan jubón de raso o satén negro con los puños vueltos bordados y una esclavina o dengue adornado con una cinta roja. Llevan saya oscura con un mandil de lana negra con listas de color cerca del bajo. En la cabeza pañuelos de seda anudados al cuello y un colgante de galápago.

Los hombres llevan camisa blanca con chaleco con botones de filigrana y chaqueta oscura. Fajas lisas, a rallas o con bordados y calzones con botones a juego con los del chaleco y polainas.

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El escenario posiblemente sea el Palacio de La Trinidad de Madrid. La imagen pertenece al conjunto que se realizó con motivo de la boda real de Alfonso XII con su prima Mª de las Mercedes de Orleáns, celebrada en enero de 1878.

En 1915 Juana Roig Vilallonga (1877-1941) adquirió el negocio de Laurent y lo mantuvo al menos hasta 1927, año en el que Joaquín Ruiz Vernacci (Madrid, 1892-1975) adquirió los fondos del Archivo Laurent y lo amplió de 20.000 negativos de cristal en diversos formatos a 60.000. Estas imágenes unidas a sus propias fotografías van a formar el Archivo Ruiz Vernacci, uno de los fondos fotográficos más importantes de la España de finales del siglo XIX  y principios del XX.

En 1976 este archivo fue adquirido por el Estado español, y en la actualidad se conserva en el Instituto del Patrimonio Cultural de España (IPCE) del Ministerio de Cultura.

La fotografía de tipos populares fue bastante popular durante la segunda mitad del siglo XIX, pero en España J. Laurent fue el fotógrafo que realizó las series más completas sobre tipos y trajes, las primeras hacia 1861-1863, y el segundo grupo en 1878 con el encargo documental sobre las comisiones provinciales que acudieron a Madrid con motivo del enlace real.

TOLÈDE

Groupe de paysans de Quero, Jean Laurent – 1878

Inventario – MTFD000529B

Fotografía en blanco y negro de formato horizontal, con marco blanco e inscripción en el borde inferior que representa a un grupo de trece personas ante una fachada acristalada. Se tratan de seis parejas ataviadas con el traje popular de Quero, municipio de la provincia de Toledo, y un hombre con traje, sombrero de copa y cadena de reloj en segunda fila y en el centro, que probablemente era el alcalde del pueblo o alguna autoridad provincial. El escenario posiblemente sea el Palacio de La Trinidad de Madrid.

Los hombres visten camisa blanca, chaleco, chaquetilla y calzón oscuros del mismo color, medias blancas, faja y cinturón con bordados florales o alguna inscripción. Sombrero calañés de ala ancha y zapatos negros con hebillas.

Las mujeres  llevan camisa blanca y jubón negro cubiertos con un mantón estampado con flores de colores. Las sayas están adornadas con picados de terciopelo negro y sobre ella llevan delantales de seda. Todas posan sujetando con su mano izquierda un bolso o faltriquera con bordados. Llevan el pelo recogido con un peinado típico de La Mancha, llamado «de pleita», con una trenza que formaba una especie de esterilla y se apuntaba a la cabeza haciendo una almohadilla adornada con lazos.

VALENCE

Habitants de la province, Jean Laurent – 1878

Inventario – MT FD000601

Fotografía en blanco y negro de formato vertical, con marco blanco e inscripción en el borde inferior. Está pegada a un cartón de mayor tamaño. Representa a una pareja ataviada con el traje popular de la zona de Valencia, posando de pie sobre un suelo alfombrado.

El hombre lleva camisa blanca, chaleco bordado con chaqueta de paño oscura del mismo color que el calzón y alpargatas. En su hombro izquierdo apoya una manta de rayas de colores con flecos y borlas, llamada morellana. En la cabeza lleva un pañuelo que se denomina mocador.

El hombre viste sombrero de terciopelo negro adornado con una borla, denominado calañés. Camisa blanca, chaleco de terciopelo con motivos florales bordados y chaquetilla de paño con adornos de terciopelo y pasamanería. Lleva una faja y un esquero con un lema bordado. Calzón de paño con borlas y polainas de cuero trabajadas con dibujos.

LÉRIDA

Groupe de paysans de la province, Jean Laurent, 1878

Inventario – MTFD000592A

Fotografía en blanco y negro de formato vertical, con marco blanco e inscripción en el borde inferior. Está pegada a un cartón de mayor tamaño. Representa a un grupo de campesinos de la provincia de Lérida compuesto por seis mujeres y nueve hombres; uno de ellos va vestido de forma diferente, al no llevar, como el resto, barretina. Las mujeres visten camisa cubierta por jubón negro y un pañuelo de seda. Una saya amplia de paño con delantal negro de seda. Algunas llevan el pelo recogido en una redecilla con abalorios y otras llevan un pañuelo blanco.

Los hombres camisa blanca, chalecos a cuadros con chaqueta negra de terciopelo, faja, calzón oscuro, calcetas blancas y alpargatas negras. También llevan barretina en la cabeza.

El escenario con una fachada acristalada posiblemente sea el Palacio de La Trinidad de Madrid. La imagen pertenece al conjunto que se realizó con motivo de la boda real de Alfonso XII con su prima Mª de las Mercedes de Orleáns celebrada en enero de 1878.

EL INTERIO ROMÁNTICO

El espacio doméstico se reconfigura con el cambio de la arquitectura urbana, ahora convertido en terreno propio de la mujer, salvo estancias exlusivamente masculinas como el despacho o el fumoir, donde los hombres fuman y conversan. El gabinete y el tocador, heredados de los estrados y el boudoir del XVIII, quedan reservados al uso femenino. Manuales y revistas adoctrinan sobre la decoración del hogar, que se divide estrictamente en espacios públicos y privados.  El mantenimiento de una estética acorde con las modas es asumido por las mujeres, que se actúan como garantes del buen gusto burgués.

RETRATO DE MUJER

Inventario – MTCE017138

Este retrato de mujer joven ingresó en el Museo en 1978 proveniente de  la Comisaría General de Defensa del Patrimonio Histórico bajo la descripción de “falsa firma de Madrazo”. Efectivamente, el nombre de Federico de Madrazo aparece en la esquina inferior derecha de la pintura en lo que los expertos consultados han considerado una falsificación. La grafía del pintor está muy bien imitada pero ni el estilo, ni la postura de la mujer retratada, coinciden con la obra de Madrazo. El cuadro está dedicado a Paquita S.T. y aparece la fecha y lugar de su ejecución: París, 1855. Sin embargo, tanto el peinado como la indumentaria de la joven indican una cronología posterior, hacia los años 70.

CÓMODA

Hacia 1850. Museo Nacional de Artes Decorativas, Madrid

Inventario – MNAD CE/1966/1

Cómoda de estilo isabelino. Realizada en madera de haya, se divide en varios cuerpos. En la parte superior tablero rectangular. A continuación un cajón sobresaliente, de bordes curvilineos y decoración incrustada con motivos vegetales. El cuerpo central cuenta con dos cajones rectangulares, cuya decoración perimetral enmarca ambos cajones. A los lados de estos cajones encontramos un remate curvilineo con decoración vegetal incrustada. El cuerpo inferior, en el faldón justo encima de las patas cuenta igualmente con un cajón rectangular con decoración incrustada igualmente de motivos vegetales. Se levanta sobre patas de perfil sinuoso igualmente decoradas.

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La cómoda es un mueble para guardar prendas de indumentaria, ropa del hogar o bien otros objetos domésticos. Se trata de uno de los muebles más característicos de los siglos XVIII y XIX. Su denominación pretendía mostrar sus ventajas frente a los antiguos arcones sin cajones en los cuales encontrar las prendas era mucho más complicado.

Durante el siglo XIX el mobiliario de inspiración francesa se pone de moda en España. La que nos ocupa deriva de la cómoda estilo Regencia, presentando no obstante una estructura algo diferente al disponer de un cajón más. Durante la regencia de María Cristina de Borbón, y el posterior estilo Isabelino, de tendencia neorrococó, se abandonan las formas pesadas del mobiliario anterior. Asimismo se sustituyen los bronces y tallas doradas por incrustaciones de filetes metálicos que constituían una taracea lineal sobre los fondos, dejando visible la madera. Son característicos los muebles útiles y confortables, de líneas más sencillas.

En cuanto a su funcionalidad, las cómodas pueden constituir conjuntos decorativos para salas, de dos o cuatro piezas, que combinan modelos de cajones y puertas a partir del Neoclasicismo. En el siglo XIX también se usan en el dormitorio de la casa burguesa, a juego con un escritorio y, desde 1850, con un armario de luna.

MECEDORA

1825–1850. Museo Nacional de Artes Decorativas, Madrid

Inventario – MNAD CE/1966/2

Mecedora de estilo fernandino, realizada en madera de caoba tapizada con seda azul, con motivos de flores en color plateado. La tapicería cubre todo el respaldo y el asiento, salvo en su parte posterior, así como los reposabrazos. Los brazos, perpendiculares al respaldo, se apoyan en cada lado en un montante en forma de voluta. Igualmente cuenta con cuatro patas en forma de voluta hasta llegar al balancín.

La mecedora surge en Inglaterra durante el siglo XVIII. El principal aliciente de colocar balancines a un sillón consistía en la sensación de bienestar producida por el movimiento regular y constante, similar al de las cunas. En un primer momento fueron principalmente muebles de exterior pero pronto comienzan a ocupar los porches y a pasar al interior de la casa.

El estilo fernandino en el mobiliario se caracteriza su practicidad y un aire algo pesado, con predominio de los muebles de caoba y de las formas rectangulares, combinadas con decoraciones de volutas, liras, y otros motivos ornamentales de inspiracion neoclásica.

CAJA DE MÚSICA

Hacia – 1860

Inventario – CE021370

Caja rectangular de madera de palosanto con marquetería de limoncillo y otros frutales. Tapa abatible plana adornada con un bouquet de marquetería central y líneas laterales. tiene tambor y cuatro timbres visibles a través de la tapa de cristal. El mecanismo es de cilíndro de púas y peine metálico.

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Durante el siglo XIX, la música entra a formar parte del ocio de las nuevas clases burguesas. Pero, además, debemos comprender la música como un elemento fundamental de socialización. Por una parte, la música culta se populariza. En las ciudades, a lo largo de todo el siglo XIX, se generalizan los espacios destinados a la música, convirtiéndose en uno de los espectáculos con más aceptación pública. Por otra parte, la sociedad burguesa instituye la música y el baile como un momento que facilita los encuentros sociales.

La música también invade los espacios domésticos privados. Era habitual que los palacetes burgueses dispusieran una estancia con algún tipo de instrumento musical, siendo el piano el preferido dentro del contexto cultural del Romanticismo. La música formaba parte fundamental en la educación femenina. Las mujeres aprendían a tocar un instrumento, como una de las virtudes que debían adquirir y que podía facilitar su matrimonio.

El siglo XIX es el siglo de los grandes avances técnicos. La música también fue objeto del interés técnico. Las primeras cajas de música se fechan a finales del siglo XVIII, y se relacionan con las técnicas relojeras. Pronto, tuvieron una gran aceptación y adoptaron multitud de formatos y soportes. Se fueron complicando técnicamente, multiplicando sus posibilidades. A finales del siglo XIX, sustituyen los cilindros metálicos por discos, como paso previo para la invención del fonógrafo. Finalmente, la creación del gramófono, también a finales de este siglo, vendría a sustituir a las cajas de música.

CHALECO

CA  – 1850

Inventario – MTCE000518

Corto, con cuello vuelto y solapas realizado en brocado de seda en color azul.  La espalda en tafetán de algodón, se ajusta al talle mediante  un cordón de algodón.

Pese a que la hechura de la prenda la sitúa en torno a 1850, el tejido podría ser bastante anterior. Por su color y los motivos decorativos, grandes cornucopias ascendentes realizadas en hilo metálico dorado, que contrastan fuertemente con el fondo, podría tratarse de un tejido francés de la época napoleónica.

LA RENUNCIA

MASCULINA

La nueva consideración del trabajo conlleva un profundo cambio en la moda masculina, que adopta progresivamente el aspecto funcional que conocemos hoy. Los códigos de distinción se vuelven sutiles, y se manifiestan en la sofisticación técnica de la sastrería inglesa y la calidad de los accesorios. Cobran importancia detalles asociados al ámbito masculino de la técnica, como relojes y armas de fuego, mientras el decorativismo va limitándose a prendas como el chaleco, o a vestimentas desligadas del mundo de los negocios, como los uniformes militares y las prendas deportivas o para el hogar.

CHALECO

Finales s. XVIII

Inventario – MTCE100874

Chaleco confeccionado en terciopelo cincelado de seda con decoración floral inscrita en círculos en gris, negro y fucsia. Corto hasta la cintura con escote en pico y amplias solapas de perfiles curvos.

Esta prenda rícamente decorada está  ligada al devenir el traje de hombre desde finales del siglo XVIII, que ligado al auge de la burguesía y la valorización del trabajo se vuelve paulatinamente más sobrio y funcional. En este periodo la exhibición masculina se contiene y aparece restringida a elementos como los chalecos, que se convierten en el remanente más visible de la coquetería masculina.

CHALECO

Finales s. XIX

Inventario – MTCE009259

Chaleco en seda color blanco roto con cuello vuelto y solapa. Los delanteros van rícamente decorados con una aplicación de bordado erudito en seda del mismo color, realizado con con cordoncillo trenzado que dibuja motivos florales y aves fantásticas de influencia china. Se cierra en el delantero con cinco botones con el alma de madera y decorados con el mismo cordoncillo. La espalda es de algodón y se ajusta al talle con trabillas y una ballena en extremo. En el delantero, se añaden dos piezas de algodón que se ajustan en el centro a modo de cinturilla.

Estructuralmente responde a los chalecos confeccionados entre 1825 y 1850 aproximadamente por su forma ligeramente rematada en pico en el delantero con solapas de perfiles redondeados y por ir muy entallado a la cintura.

Esta prenda rícamente decorada es característica del devenir el traje masculino desde finales del siglo XVIII, que ligado al auge de la burguesía y la valorización del trabajo se vuelve paulatinamente más sobrio y funcional. En este periodo la decoracion del traje de hombre se contiene y aparece restringida a elementos como los chalecos, que se convierten en el remanente más visible de la coquetería masculina.

LEVITA

Finales s. XIX

Inventario – MTCE111933

Levita masculina en paño de color negro, larga a la cadera, con faldón, cuello y solapa, cruzada a la cintura, cierra con cuatro botones.

Datada en el último cuarto del siglo XIX es característica del proceso de simplificación que sufre la indumentaria masculina en este periodo, ligado al auge de la burguesía y con ella, de valores como la sobriedad y la funcionalidad  relacionados con la importancia del trabajo y al desarrollo de una sociedad aparentemente más igualitaria.

CHALECO

Finales s. XIX – principios s. XX

Inventario – MTCE016230

De seda en tonos ocres con motivos vegetales en cachemira.

El tejido jacquard y los motivos decorativos de recuperación orientalista, India, nos remiten al período histórico del cambio del siglo XIX al XX.

Esta prenda de llamativa decoración está  ligada al devenir el traje de hombre desde finales del siglo XVIII, que ligado al auge de la burguesía y la valorización del trabajo se vuelve paulatinamente más sobrio y funcional. Al tiempo que la chaqueta y el pantalón se oscurecen y simplifican, la exhibición masculina se vuelca en elementos como los chalecos, que se convierten en el remanente más visible de la coquetería masculina.

CHISTERA

1919 – 1930

Inventario – MTCE103233

Negra de raso de seda, con ala curva rematada en cinta acanalada de algodón negro, que se repite en la base de la copa, rematada en uno de sus lados por pequeña lazada plana del mismo tejido.

El forro también de raso de seda es blanco en la parte de la copa y presenta la marca estampada con un escudo coronado. Presenta la inscripción «Modesto Wallin/ Sombrerero de cámara/ Vitoria».

Este modelo cuenta un mecanismo interior de metal para plegarla, lo cual permitía guardarla en una caja plana, también conservada en la Colección del Museo del Traje, y que facilitaba su uso para viajes. Los sombreros con este tipo de mecanismos se conocían popularmente con el nombre de «clac».

La importancia que adquieren  este tipo de complementos en la presentación de los hombres a  lo largo del siglo XIX es significativa de que pese a la aparente racionalización del traje masculino que acompaña al auge de la burguesía, el afán de exhibición y distinción masculina se mantiene en los detalles.

CHISTERA

Ca –1860

Inventario – MTCE106711

De copa en fieltro gris decorado con festoneado de algodón en el orillo de la copa  y cinturilla acanalada de seda con cierre de hebilla metálica rodeando la base de la copa. El interior presenta un refuerzo de cuero labrado en la base, un forro de tul de algodón blanco alrededor de lacopa y seda blanca en la cima. Presenta la inscripción «Dieu et mon droit» usada como lema de la monarquía británica.

La importancia que adquieren  este tipo de complementos en la presentación de los hombres a  lo largo del siglo XIX es significativa de que, pese a la aparente racionalización del traje masculino que acompaña al auge de la burguesía, el afán de exhibición y distinción masculina se mantiene en los detalles.

PISTOLA

Ca – 1824

Inventario – MTCE010615

De chispa con un cañón y pomo de hierro de en torno a 1824. Tiene pedernal de hierro con base y mango de madera y decoración romboidal en la base, junto con adornos florales grabados.

Las pistolas se convierten en objetos que completan la presentación de los caballeros, en particular durante el periodo romántico en el que los duelos de honor viven su momento álgido. Además de su valor de uso, estas piezas, junto con chalecos, sombreros o pañuelos, tienen la función de complementar la sobria indumentaria de hombre de la época. En este sentido, los elementos  tecnológicos  adquieren un peso fundamental en la representación masculina, que compensa la contención del traje burgués con objetos innovadores que se asocian al progreso y se convierten en marcadores de prestigio  a través de los cuales los hombres se permiten una cierta exhibición.

RELOJ DE BOLSILLO

Ca – 1900

Inventario – MTCE047402

Tiene caja circular, con doce círculos en la esfera, minutero y segundero. En un lado de la caja, mecanismo de cuerda para la llave. En la parte superior, tiene una anilla oval para la suspensión.

Los complementos se convierten en esta época en un elemento fundamental para acompañar la sobria indumentaria de hombre de la época. En particular, los elementos  tecnológicos  como los relojes, adquieren un peso fundamental en la representación masculina, que busca compensar la contención del traje burgués con objetos innovadores que se asocian al progreso y se convierten en marcadores de prestigio  a través de los cuales los hombres se permiten una cierta exhibición.

LEOTINA O CADENA DE RELOJ

Ca –1850 – 1875

Inventario – MTCE047298

Está compuesta por cuatro cadenas de eslabones circulares, unidas, en la parte superior, a una bisagra con lazo calado, y en la inferior a una pieza trapezoidal con decoración vegetal calada. De aquí penden cinco cadenas , dos unidas a una llave de reloj con las iniciales CA grabadas, otra unida a una moneda de bronce y otras dos a un sello grabado con las mismas iniciales.

Los complementos como cadenas, relojes o pañuelos se convierten en esta época en un elemento fundamental para acompañar la sobria indumentaria de hombre de la época. El cuidado de los detalles busca compensar la aparente sencillez del traje de chaqueta burgués de tonos oscuros que impera en la época convirtiéndose en una marca de prestigio a través de la cual los hombres pueden permitirse una cierta exhibición.

JOYAS

Al igual que la indumentaria, la joyería no permaneció al margen de la estricta normativa o etiqueta imperante en la sociedad decimonónica. De este modo, cada acto social requería una apariencia específica, de ahí la gran diversidad de joyas que coexistieron durante esta centuria. Desde la elegante joyería de lujo elaborada con finos materiales, pasando por la de uso más cotidiano, hasta llegar a la joyería más conmemorativa o sentimental, la de luto y medio luto. Por otro lado, la revolución industrial y el auge de la burguesía, que busca emular las costumbres de las clases dominantes, propició el desarrollo de la moda también en sus correspondientes complementos, como las joyas de imitación elaboradas con materiales menos nobles. En su mayor parte, todas estas joyas, fueron usadas en España, pero también en el resto de Europa y en América.

Traje femenino, compuesto por cuerpo y falda, en satén de color gris azulado y decoración de aplicación de bordado mecánico color negro con motivos florales grandes y guirnaldas; así como guarnición de acerillos y borlas de pasamanería de seda negra. El cuerpo, ajustado a la cintura y armado con ballenas, presenta manga larga con forma en el codo y hombros bajos. Cierra en el centro del delantero con botones forrados en seda azul. Presenta huellas de reforma, de haber sido ensanchado en ambos hombros, como también posiblemente la falda, de largo hasta los pies. Los puños y el cuello son desmontables, realizados en tafetán de algodón beige y bordados a la aguja con motivos florales y paisajísitos. Además los puños llevan una cinta tableada de tafetán de seda beige.

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Este conjunto se enmarca dentro del momento de apogeo del miriñaque, prenda interior para ahuecar la falda, reflejando una silueta circular que estuvo viegente desde 1850. Su estructura similar al de una jaula de hierro, contribuyó a aumentar el volumen a la figura de la mujer, confiriéndole una silueta acampanada, alcanzando su mayor expresión entre 1863-1866. Igualmente, permitió aportar una gran ligereza al movimiento pues sostenía las faldas del traje sin necesidad de utilizar múltiples capas pesadas superpuestas.

HISTORIA DE LA PIEZA

Filomena Vergara y Serra, casada con Mariano Llovet Castelo. El vestido ingresó junto a una nota titulada “Explicación del vestido azul” escrita por la hija de Filomena y Mariano. Gracias a ella sabemos que el vestido se lo regaló su marido en 1865, año en el que la pareja contrajo matrimonio. También describe minuciosamente el vestido, haciendo asimismo referencia a una fotografía de Filomena Vergara y Serra que viste un vestido de características similares y que pudiera ser la carte de visite que conserva también el museo con el retrato

VESTIDO ROMÁNTICO

ROMÁNTISISMO, CA. — 1850 1860

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    VESTIDO ROMÁNTICO

    ROMÁNTISISMO, CA. — 1850 1860

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      Traje femenino, compuesto por cuerpo y falda, en satén de color gris azulado y decoración de aplicación de bordado mecánico color negro con motivos florales grandes y guirnaldas; así como guarnición de acerillos y borlas de pasamanería de seda negra. El cuerpo, ajustado a la cintura y armado con ballenas, presenta manga larga con forma en el codo y hombros bajos. Cierra en el centro del delantero con botones forrados en seda azul. Presenta huellas de reforma, de haber sido ensanchado en ambos hombros, como también posiblemente la falda, de largo hasta los pies. Los puños y el cuello son desmontables, realizados en tafetán de algodón beige y bordados a la aguja con motivos florales y paisajísitos. Además los puños llevan una cinta tableada de tafetán de seda beige.

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      Este conjunto se enmarca dentro del momento de apogeo del miriñaque, prenda interior para ahuecar la falda, reflejando una silueta circular que estuvo viegente desde 1850. Su estructura similar al de una jaula de hierro, contribuyó a aumentar el volumen a la figura de la mujer, confiriéndole una silueta acampanada, alcanzando su mayor expresión entre 1863-1866. Igualmente, permitió aportar una gran ligereza al movimiento pues sostenía las faldas del traje sin necesidad de utilizar múltiples capas pesadas superpuestas.

      HISTORIA DE LA PIEZA

      El vestido ingresó en el museo en 2006 gracias a una donación. Perteneció a Filomena Vergara y Serra, casada con Mariano Llovet Castelo. El vestido ingresó junto a una nota titulada “Explicación del vestido azul” escrita por la hija de Filomena y Mariano. Gracias a ella sabemos que el vestido se lo regaló su marido en 1865, año en el que la pareja contrajo matrimonio. También describe minuciosamente el vestido, haciendo asimismo referencia a una fotografía de Filomena Vergara y Serra que viste un vestido de características similares y que pudiera ser la carte de visite que conserva también el museo con el retrato de Filomena (MTFD035339).

      GLOSARIO

      MÚSICA - MÚSICA - MÚSICA - MÚSICA - MÚSICA - MÚSICA - MÚSICA - MÚSICA - MÚSICA - MÚSICA - MÚSICA - MÚSICA - 

      MÚSICA - MÚSICA - MÚSICA - MÚSICA - MÚSICA - MÚSICA - MÚSICA - MÚSICA - MÚSICA - MÚSICA - MÚSICA - MÚSICA - 

      DISFRUTA

      NUESTRA PLAYLIST

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      BIBLIOGRAFÍA

      LAURENT: UN PIONERO EN LAS COLECCIONES ESPAÑOLAS

      Publicación editada en el marco del proyecto sobre J. Laurent por iniciativa del Museo Nacional del Romanticismo y la Subdirección General de Museos Estatales, en la que se incluyen los últimos estudios y novedades sobre el fotógrafo y su empresa. Completa la visión que ofrece el catálogo en línea, publicado por el Ministerio, sobre los diversos aspectos relacionados con la Casa Laurent.

      EL TRAJE EN EL ROMANTICISMO Y SU PROYECCIÓN EN ESPAÑA,

      1828-1868

      Una obra esencial para el estudio del traje romántico en España. Un recorrido teórico y visual a través de las principales revistas de moda y sus figurines, los profesionales de la confección y la descripción detallada y documentada de cada prenda.

      TEXTILTECA

      LA MODA

      ROMÁNTICA

      Píldoras del Museo del Traje

      PARA PEQUES
      Y NO TAN PEQUES
      SABER MÁS

      PARA PEQUES
      Y NO TAN PEQUES
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      Museo del Traje. CIPE Av. Juan de Herrera, 2 (28040) Madrid
      Metro: Ciudad Universitaria (línea 6) Moncloa (líneas 3 y 6)
      Teléfono: 91 550 47 00

      © Ministerio de Cultura y Deporte – Gobierno de España